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NO ES UN DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 11 Ee noviembre Ee 2019 a las 19:20

DISCIPULADO DE LA RCC-DRVC


Domingo Trigésimosegundo del Tiempo Ordinario


DEL 10 - 16 DE NOVIENBRE 2019


NO ES UN DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS




PRIMERA LECTURA

El Rey del universo nos resucitará a una vida eterna.


Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 1; 7, 1-2. 9-14


El rey Antíoco envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes de Dios.

Fueron detenidos siete hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: “¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros? Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres”.

Una vez que el primero murió, llevaron al suplicio al segundo. Y cuando estaba por dar su último suspiro, dijo: “Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros morimos por sus leyes”.

Después de éste, fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: “Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de Él”. El rey y sus acompañantes estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún caso de sus sufrimientos.

Una vez que murió éste, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: “Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por Él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida”.


SALMO RESPONSORIAL 16, 1. 5-6. 8b. 15


R/. ¡Señor, al despertar, me saciaré de tu presencia!

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad.

Mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas! Yo te invoco, Dios mío, porque Tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.

Escóndeme a la sombra de tus alas. Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia.


SEGUNDA LECTURA


Que el Señor los fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 2, 16-3, 5


Hermanos:

Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena.

Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes. Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe.

Pero el Señor es fiel: Él los fortalecerá y los preservará del Maligno. Nosotros tenemos plena confianza en el Señor de que ustedes cumplen y seguirán cumpliendo nuestras disposiciones.

Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la perseverancia de Cristo.


EVANGELIO


No es un Dios de muertos, sino de vivientes.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 20, 27-38


Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos ha ordenado: “Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda”. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?”


Jesús les respondió: “En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casan. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.


Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Abrahán.


REFLEXION


Los siete hermanos Macabeos, para no renunciar a la fe, afrontan severamente la muerte, con la firme esperanza que ésta no es su fin, porque están seguros de resucitar a una vida nueva y eterna.


Los saduceos eran una secta hebraica que, a diferencia de los fariseos, negaban la resurrección de los muertos. Lo que ellos le proponen a Cristo en el Evangelio es un falso problema, porque imaginan la vida del más allá como una prolongación de la vida terrena. Ellos, con esta actitud, demuestran ignorar aquello que Dios puede hacer y también ignoran las Sagradas Escrituras, en las cuales, el Señor, es el Dios de los vivos, porque todos viven por él. Si Abraham y los patriarcas hubieran muerto para siempre el Señor no habría cumplido con su promesa de ser su protector, el Dios de Abraham.


La muerte sin esperanza, constituiría una derrota para Dios y una desilusión para el hombre. En el mundo de la resurrección el hombre no está sujeto a todo aquelloque es terreno, sino que a una vida totalmente transfigurada. La omnipotencia divina ha creado un orden de cosas, en el cual el cuerpo resucitará libre de los instintos, de las necesidades y de los compromisos terrenos, para vivir definitiva y eternamente en Dios.


Pablo exhorta a los cristianos a vivir, en la tierra, en la certeza del amor de Dios y perseverando en la esperanza que Él ha abierto en nosotros. La gracia que de Él recibimos en esta tierra, y que ya nos hace sus hijos, es el inicio de la eternidad.


I. PREPARÉMONOS PARA EL ENCUENTRO CON EL SEÑOR:


Oración Inicial:


Iniciamos el encuentro con el Señor, orando con el Salmo 148

Antífona

R./ Alabad al Señor en el cielo. Aleluya.

Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles; alabadlo todos sus ejércitos.

Alabadlo, sol y luna; alabadlo, estrellas lucientes. Alabadlo, espacios celestes y aguas que cuelgan en el cielo.

Alaben el nombre del Señor, porque él lo mandó, y existieron. Les dio consistencia perpetua y una ley que no pasará.

Alabad al Señor en la tierra, cetáceos y abismos del mar, rayos, granizo, nieve y bruma, viento huracanado que cumple sus órdenes,

montes y todas las sierras, árboles frutales y cedros, fieras y animales domésticos, reptiles y pájaros que vuelan.

Reyes y pueblos del orbe, príncipes y jefes del mundo, los jóvenes y también las doncellas, los viejos junto con los niños,

alaben el nombre del Señor, el único nombre sublime. Su majestad sobre el cielo y la tierra; él acrece el vigor de su pueblo. Alabanza de todos sus fieles, de Israel, su pueblo escogido.


Invocación al Espíritu Santo


Ven, Espíritu Santo,

acompáñame en esta experiencia

y que se renueve la cara de mi vida

ante el espejo de tu Palabra.

Ven, Espíritu Santo.

Amén.


II. OREMOS CON LA PALABRA DE DIOS:


LECTURA (Lectio): ¿Qué dice la Palabra? Los saduceos no creían en la resurrección. Se acercan a Jesús para hacerle una pregunta que lleva al extremo un caso estipulado en la ley. Jesús les responde expresándoles que el matrimonio es una realidad temporal, la resurrección no es la prolongación de nuestra vida terrena y que Dios es un Dios de vivos que nos llama a compartir la vida plena con Él.


Texto bíblico: Lc 20, 27-38


MEDITACIÓN (Meditatio): ¿Qué me dice la Palabra? ¿Nos apegamos a nuestra vida terrena a pesar de nuestra fe en la resurrección? ¿Consideramos la muerte como el paso al encuentro de la plenitud de Dios?


ORACIÓN (Oratio): ¿Qué le digo a Dios con esta Palabra? Pidamos al Señor que nos conceda claridad para aceptar nuestra realidad temporal y la capacidad para encontrar la libertad de espíritu para no vivir pendientes de los bienes materiales.


CONTEMPLACIÓN (Contemplatio): Gusta a Dios internamente en tu corazón.

Visualicemos, como los discípulos en el monte, la plenitud de Cristo y pongamos nuestro anhelo en verlo como lo vieron sus discípulos, para quedarnos con Él para siempre.


III. PROFUNDICEMOS CON LOS PADRES DE LA IGLESIA


Comienza la Homilía de un autor del siglo segundo


CRISTO QUISO SALVAR A LOS QUE ESTABAN A PUNTO DE PERECER.


Hermanos: Debemos mirar a Jesucristo como miramos a Dios, pensando que él es el juez de vivos y muertos; y no debemos estimar en poco nuestra salvación. Porque si estimamos en poco a Cristo, poco será también lo que esperamos recibir. Aquellos que, al escuchar sus promesas, creen que se trata de dones mediocres pecan, y nosotros pecamos también si desconocemos de dónde fuimos llamados, quién nos llamó y a qué fin nos ha destinado y menospreciamos los sufrimientos que Cristo padeció por nosotros.


¿Con qué pagaremos al Señor o qué fruto le ofreceremos que sea digno de lo que él nos dio? ¿Cuántos son los dones y beneficios que le debemos? Él nos otorgó la luz, nos llama como un padre, con el nombre de hijos, y cuando estábamos en trance de perecer nos salvó. ¿Cómo pues, podremos alabarlo dignamente o cómo le pagaremos todos sus beneficios? Nuestro espíritu estaba tan ciego que adorábamos las piedras y los leños, el oro y la plata, el bronce y todas las obras salidas de las manos de los hombres; nuestra vida entera no era otra cosa que una muerte. Envueltos, pues, y rodeados de oscuridad, nuestra vida estaba recubierta de tinieblas y Cristo quiso que nuestros ojos se abrieran de nuevo y así la nube que nos rodeaba se disipó.


Él se compadeció, en efecto, de nosotros y. con entrañas de misericordia, nos salvó, pues había visto nuestro extravío y nuestra perdición y cómo no podíamos esperar nada fuera de él que nos aportara la salvación. Nos llamó cuando nosotros no existíamos aún y quiso que pasáramos de la nada al ser.


Alégrate, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores: porque la abandonada tendrá más hijos que la casada. Al decir: Alégrate, la estéril, se refería a nosotros, pues, estéril era nuestra Iglesia antes de que le fueran dados sus hijos. Al decir: Rompe a cantar de júbilo, la que no tenías dolores, se significan las plegarias que debemos elevar a Dios, sin desfallecer, como desfallecen las que están de parto. Lo que finalmente se añade: Porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, se dijo para significar que nuestro


pueblo parecía al principio estar abandonado del Señor, pero ahora, por nuestra fe, somos más numerosos que aquel pueblo que se creía posesor de Dios.


Otro pasaje de la Escritura dice también: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Esto quiere decir que hay que salvar a los que se pierden. Porque lo grande y admirable no es el afianzar los edificios sólidos sino los que amenazan ruina. De este modo Cristo quiso ayudar a los que perecían y fue la salvación de muchos, pues vino a llamarnos cuando nosotros estábamos ya a punto de perecer.


Padre nuestro


Oración


Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad.


!Gloria a Dios!

RCC-DRVC

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