Articulos

Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 13 Ee septiembre Ee 2020 a las 19:55

PAN DE HOY Y SIEMPRE


XXIII Domingo del tiempo ordinario


Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A) Septiembre 6 al 12 2020


“Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”

 

 Preparacion para las lecturas de hoy

 

Reunidos en el nombre del Señor.Cuando el “ir a misa” los domingos está más en crisis, Jesús nos sigue proponiendo “reunirnos en su nombre”. Es cierto que para muchos cristianos la Eucaristía se hace insufrible, no le encuentran sentido, ni les toca para nada su vida. Poco menos que es un acto gregario y rutinario, al que vamos por costumbre o por miedo, que es conducido por un sacerdote desde una distancia física y humana considerables. Así se va perdiendo esta práctica, ante la pasividad de unos y otros, por eso ¿no habrá llegado el momento de purificarla?, ¿no habrá otras formas de reunión en el nombre del Señor?

 

Con el Señor no nos reunimos ni por costumbre, ni por disciplina a un precepto. Es una reunión en la que o sentimos el atractivo de Jesús o se va desfigurando y vaciando de vida; o sentimos que nos anima su Espíritu y El es la razón y el motivo del encuentro o nuestras reuniones nos llevarán a la indiferencia y motivos extraevangélicos, saliendo de ellas helados y sin calor para vivir. El número tiene que dejar de ser importante (“dos o tres” valen), para que sea más importante el alimento evangélico que recibimos para vivir como verdaderos seguidores. Además escuchamos el evangelio en comunidad, recordando y celebrando, escuchando y conmemorando la vida de Jesús que actualizamos en nosotros. Esta especie de arte es lo que nos hace más discípulos y mejores seguidores de Jesús.


 Primera lectura

 

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

 

Esto dice el Señor:

«A ti, hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, les advertirás de mi parte.

Si yo digo al malvado: “Malvado, eres reo de muerte”, pero tú no hablas para advertir al malvado que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre.

Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida».

 

Salmo

 

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos. R/.

 

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía. R/.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.


 

Segunda lectura

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

 

A nadie le debáis nada, más que el amor mutuo; porque el que ama ha cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás», y cualquiera de los otros mandamientos, se resume en esto:

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».

El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor.


 Evangelio del día

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».


 NOTA IMPORTANTE


Iª Lectura: Ezequiel (33,7-9): El profeta centinela de la palabra de Dios

 

I.1. La primera lectura forma parte de un texto que se enmarca en el recuerdo del asedio de Jerusalén por los babilonios y pos­teriormente, ya Jerusalén destruida, el profeta promete un futuro mejor. No po­día ser de otra manera para una comunidad que analiza su situación y consi­dera su responsabilidad. Pero es el mismo profeta quien se convierte en centinela de esta situación y de esta llamada a la responsabilidad personal, con todas sus consecuencias. Ezequiel es un profeta que goza de esta notoriedad teológica cuando defiende en su obra el sen­tido de que ya no es todo el mundo responsable y todo el mundo culpable, sino que cada uno responde según sus obras y su actitud.

 

I.2. Un centinela, que guarda la ciudad, es la imagen hermosa de la lectura. Los demás pueden descansar, trabajar, pero cuando escuchen la voz del centinela, todos deben acudir para salvar la ciudad, y si alguien no lo hace está perdido; perdido personalmente. Dios es el guardián de Israel (según el salmo 121), pero necesita a los profetas como centinelas para llamar y alertar. Y el pueblo mismo necesita a los centinelas, a los profetas, para que su vida tenga sentido. La religión también los necesita. Por eso, una religión sin profetas está llamada a enquistarse en el pasado y a morir. Este es el sentido profundo del texto de hoy.

 

I.3.En el texto se perfila, pues, la misión del profeta, de un profeta verdadero: es el centinela de la fidelidad del pueblo de la alianza. Debe cumplir con firmeza y fe la misión de comunicar la palabra de Dios en su integridad; sea una palabra de esperanza o una palabra de juicio. Y el profeta, como cada uno de nosotros, es responsable de no haber anunciado a todos la palabra de Dios, de haber callado. Por eso es tan difícil que un verdadero profeta guarde silencio. Efectivamente se pone el acento en la respon­sabilidad de los que escuchan la palabra del profeta.


 

IIª Lectura: Romanos (13,8-10): La felicidad de todos se resuelve en el amor

 

II.1. Seguimos con la parte exhortativa de la carta a los Romanos, es decir, no es un texto doctrinal, sino parenético. Pero no se trata de cualquier norma práctica, sino de lo que puede considerarse como la “quintae­sencia” de toda la moral, de todo compromiso, de todos los mandamientos, de la ley y de los preceptos. El deber más importante que tiene todo cristiano es amar a Dios y al prójimo; en esto consiste la ley y los profetas; en esto se resuelven todos los mandamientos. Y esto se toma de uno de los decálogos del AT, concretamente de Dt 15,17-21. Y todos estos mandamientos se resumen en uno (reductio in unum), citando Lv 19,18b: amarás a tu prójimo, como te amas a ti mismo. Es muy posible que aquí se esté pensando en lo complicado de todos los preceptos de la ley mosaica, unos 613; por tanto, mejor tirar por la calle del medio: todo se reduce a amar a los otros, tal como nosotros queremos ser amados.

 

II.2. Pero también es muy importante tener en cuenta que el prójimo, en el ámbito de la Nueva Alianza, no son los que tienen la misma re­ligión o piensan como nosotros, sino todos los hombres. El amor es la única virtud que integra a los enemigos. Dios no los tiene, porque ama a todos los hombres. Esta es la norma de vida que Pablo propone para todo cristiano y que debía ser la de todos los hombres. En esta síntesis breve, Pablo nos presenta toda la praxis de los que han aprendido a ser cristianos en razón de aceptar la gracia salvadora de Dios.


 

Evangelio. Mateo (18,15-20): la comunidad como experiencia de perdón y oración

 

III.1.El evangelio de hoy forma parte de uno de los discursos más significativos del primer evangelio. Mateo se caracteriza por una narra­ción de la actuación de Jesús que viene alentada por una serie de discursos. En este caso, nos encontramos con el llamado «discurso eclesiológico» porque se contemplan en él las normas de comportamiento básicas de una comunidad cris­tiana: perdón, comprensión, solidaridad. Hoy aparece lo que se ha llamado la corrección fraterna, el tema del per­dón de los pecados en el seno de la comunidad, y el valor de la oración común.

 

III.2. La corrección fraterna es muy importante, porque todos somos pecadores, y tenemos un cierto derecho a nuestra intimidad. Pero se trata de pecados graves que afec­tan a la comunión, y para ello se debe seguir una praxis de admonición, con ne­cesidad de testigos, para que nadie sea expulsado de la comunidad sin una ver­dadera pedagogía de caridad y de comprensión. El poder de «atar y desatar», que en Mt 16 (hace dos domingos) se confería a Pedro, completa lo que allí se dijo: es en la comunidad donde tiene todo sentido el perdón de los pecados. Eso exige dar oportunidades, para que no sea el puritanismo lo específico de una comunidad, como muchas lo han pretendido a lo largo de la historia de la Iglesia. ¡No! No es el puritanismo lo esencial, aunque nuestro texto se resiente de ello, sino ofrecer a los que se han equivocado e incluso ofendido a la comunidad, la oportunidad nueva de integrarse solidaria y fraternalmente en ella. Si leemos el texto en clave disciplinar y jurídica, entonces habremos rebajado mucho el valor evangélico de la comunidad.

 

III.3. De la misma manera, la oración común enriquece sobremanera nuestra oración personal. Eso no excluye la necesidad de que tengamos experiencias de perdón y de oración personales, pero hay más sentido cuando todo ello se integra en la comunidad. La religión enriquece la dimensión social de la persona humana. Sin duda que estos aspectos tienen otros matices e interpretaciones, pero la dimen­sión comunitaria es la más rica en consecuencias.


 

LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA

 

 La fraternidad en la base de la vida cristiana

 

Desde los orígenes, con Caín y Abel la fraternidad es una preocupación de la Palabra. La despreocupación por el otro, la falta de solidaridad, el entender la vida en soledad es no haber captado que no se puede ser feliz solo. Esa manera de vivir no está lejos de nuestras expresiones: “yo no me meto en la vida de nadie. Allá él”, “quien soy yo para meterme en la vida de nadie”, “¿qué puedo hacer yo ante esta situación a escala mundial?”, que denotan falta de compromiso. Somos capaces de juzgar a todo el mundo y ver sus males y e identificar a “los malos”, pero nos cuesta meternos en el rio de la vida, prefiriendo sentarnos en la orilla, ver pasar las aguas turbulentas, pero vivir incontaminados y que nadie nos toque.

 

Jesús, lejos de alejarnos de la comunidad o permanecer pasivos y críticos, nos atrae a la reunión y unificación; quiere restablecer relaciones hasta con los más débiles y pecadores, sin culpabilizarles, sino ayudándoles y aceptándoles como víctimas de tantas situaciones que no pueden controlar. Nadie se debe quedar excluido de la comunión con él, ni de la escucha de su evangelio que forma y reforma la comunidad.

 

Salvar al hermano y proteger la comunidad

 

Ezequiel (primera lectura) tiene el encargo de Yahvé de ser “atalaya del pueblo”. Recibe esa función, no por ser profeta, sino por ser “hijo de hombre” (hermano). Esta función consiste en cargar con las debilidades del pueblo y desenmascarar todo tipo de insolidaridades, despreocupaciones por el otro al estilo de Caín o egoísmos que destruyen al pueblo. Es el salvar al hermano de que habla el evangelio, ya que somos una familia, donde la corrección fraterna, más que una estrategia o pedagogía es una espiritualidad, un don del Espíritu para construir y alentar a la comunidad.

 

Reprender al hermano para salvarle, no es una crítica viciada, ni conformista, sino una ayuda amistosa y leal en sus momentos de desorientación y despiste. Cuando nos encontramos con alguien que ama la verdad, que se acerca de corazón sinceramente somos capaces de volver a la bondad y dejarnos contagiar por la generosidad. Los cambios en las personas no vienen por medio de grandes ideologías o de pensamientos y propuestas muy atrayentes, sino por la actitud de quien se acerca y su manera de ayudarnos a encontrar el error y de proponernos la renovación. Escuchar a Jesús es la clave.

 

Una iglesia verdaderamente reunida

 

Venir a la iglesia a encontrarnos con la comunidad de Jesús: escuchar su mensaje, recordarle, entender mejor su espíritu, alimentar y repensar constantemente nuestra fe da sentido a cualquier reunión, independientemente de la distancia que podemos ver en la práctica y vitalidad en relación con Jesús. No nos quedamos en lo que nos hace sufrir o nos falta, de brazos caídos, sino en las posibilidades creativas que nos da el encuentro verdadero con Jesús.

 

De hecho, es el encuentro con el evangelio en comunidad, sin poner coto a sus múltiples formas y no focalizándolo solo en los sacramentos, lo que nos ayuda a entender que no basta, ni es lo primero, aceptar una serie de doctrinas y unas prácticas religiosas. Es la adhesión, en comunidad a Jesús encontrándole cercano y compasivo donde podemos actualizar y recrear la verdadera iglesia. Esta es la iglesia reunida en su nombre.

 

Como cristianos y oyentes de la Palabra, este domingo nos preguntarnos por nuestras “reuniones” en el nombre de Jesús. La comunidad de Jesús será lo que seamos nosotros. Si tenemos capacidad de repensar nuestra vida a la luz del evangelio y creernos que juntos podemos ser mejores estamos haciendo camino como seguidores de Jesús. Preguntémonos: si trasmitimos resultados evangélicos ante los indiferentes, descreídos o aquellos que han abandonado la comunidad de Jesús; si nuestra madurez de acogida, corrección fraterna y acompañamiento de los débiles y necesitados es real de cara a construir la comunidad; si el miedo nos paraliza y sigue atando al pasado y sus pesadas cargas, renunciando a la creatividad y frescura del evangelio; si la alegría y la esperanza anidan en nosotros, aunque seamos minoría, creyéndonos sal y levadura capaz de fermentar la masa social.

 

 !GLORIA A DIOS!

Categorías: Ninguna

Añade un comentario

¡Vaya!

Oops, you forgot something.

¡Vaya!

Las palabras que has introducido no coinciden con el texto. Inténtalo de nuevo.

Already a member? Iniciar sesión

0 comentarios