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MARIA LA GRAN MISIONERA

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 11 Ee octubre Ee 2020 a las 14:55

RENOVACION CARISMATICA CATOLICA


DIOCESIS ROCKVILLE CENTRE


MES MARIANO OCTUBRE 2020

MARÍA LA GRAN MISIONERA


 

Para ser misioneros debemos haber tenido un encuentro personal con Cristo, a quien reconocemos como

hijo de Dios. Desear que la alegría de la Buena nueva del Reino de Dios llegue a todos los que yacen al

borde del camino (LC 10,30). La alegría del misionero es antídoto frente a un mundo atemorizado por el

futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del misionero no es un sentimiento de bienestar

egoísta sino una Certeza que brota de la fe. Conocer a Jesús es lo mejor que nos ha pasado, haberlo

encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestras palabras y

obras, es nuestro gozo.


La máxima realización de la existencia cristiana nos es dada en la Virgen Maria quien, por su fe (Lc 1,45) y

obediencia a la voluntad de Dios Lc 1,38, así como por su constante meditación de la Palabra y de las

acciones de Jesús (Lc 2,19.51) es la discípula misionera más perfecta del Señor.

La Virgen Maria con su fe, llega a ser el primer miembro de la comunidad de los creyentes en Cristo, y

también se hace colaboradora en el renacimiento spiritual de los discípulos. Del Evangelio, emerge su figura

de mujer libre y fuerte, ella ha vivido por entero toda la peregrinación de la fe como madre de Cristo y luego

de los discípulos, sin que le fuera ahorrada la incomprensión y la búsqueda constante del Proyecto del

Padre. Alcanzo así, a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el

ministerio de la alianza.


Con ella, providencialmente unida a la plenitud de los tiempos (Gálatas 4,4) llega a cumplimiento la

esperanza de los pobres y el deseo de salvación, la Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia

de la salvación, concibiendo, educando y acompañando a su hijo hasta su sacrificio definitivo. Desde la cruz,

Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad de la Virgen Maria, (Jn

19,27) Y desde aquel momento el discípulo la recibió como suya. Coopero con el Nacimiento de la Iglesia

misionera, imprimiendo un sello mariano que la identifica hondamente (Hechos 1,13-14).


La Virgen Maria es la gran misionera, continuadora de la misión de su hijo y formadora de misioneros.

Desde entonces, son incontables las comunidades que han encontrado en ella la inspiración más cercana

para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús. (V CONF GEN DEL EPISCOPADO

LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE # 269).


Maria Santísima, la Virgen pura y sin mancha es para nosotros escuela de fe, destinada a guiarnos y a

fortalecernos en el camino que lleva al encuentro con el Creador del cielo y de la tierra. El pueblo cristiano

aprende de la Virgen Maria a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de

su amor. Mediante el Santo Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las

mismas manos de la Madre del Redentor.


En el proceso de formación del discípulo misionero, destacamos cinco aspectos fundamentales:

 

a) Encuentro personal con Jesucristo

b) La Conversion

c) El Discipulado

d) La Comunión

e) La Misión


Desarrollemos estos cinco pasos:

a) Encuentro personal con Jesucristo: Quienes serán sus discípulos misioneros ya lo buscan Jn 1 ,38,

pero es el Señor quien los llama (Mt 9,9) “Sígueme”. Se ha de descubrir el sentido mas hondo de la

búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo, buscándolo asiduamente en la oración

personal y anhelando estar en compañía del amado de mi alma (Cantar de los cantares 3, 1-4), no

es solo una etapa, sino el hilo conductor de un proceso que culmina en la madurez del discípulo

misionero.


b) La Conversión: Es la respuesta inicial de quien ha escuchado al Señor con admiración, cree en El

por la acción del Espiritu Santo, se decide a ser su amigo e ir tras El, cambiando su forma de pensar

y de vivir, consciente de que morir al pecado es alcanzar la vida y vida en abundancia (Jn 10,10).


c) El Discipulado: La persona madura constantemente en el conocimiento, amor y seguimiento de

Jesús maestro, profundiza en el misterio de su persona, de su ejemplo y de su doctrina. Para este

paso, es de fundamental importancia la catequesis permanente y la vida sacramental, que

fortalecen la conversión inicial y permite que los discípulos misioneros puedan perseverar en la vida

cristiana y en la misión en medio del mundo que los desafía.


d) La Comunión: No puede haber vida cristiana sino en comunidad: las comunidades de vida

consagradas, las comunidades de base, la comunidad de oración. Como los primeros cristianos, que

se reunían en comunidad (Hch 2, 42-47), viviendo el amor de Cristo en la vida fraternal solidaria.

También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para madurar en la vida del

Espiritu.


e) La Misión: El discípulo misionero a medida que conoce y ama a su señor, experimenta la necesidad

de compartir con otros la alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y

resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una

palabra a construir el Reino de Dios aquí en la tierra.


Para terminar, la Virgen Maria como discípula misionera nos ensena el primado de la escucha de la

Palabra en la vida del discípulo y misionero.

Esta enteramente tejido por los hilos de la Sagrada Escritura, los hilos tomados de la Palabra de

Dios. Así, se revela que en Ella la Palabra de Dios se encuentra de verdad en su casa, de donde sale

y entra con naturalidad. Ella habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se hace su

palabra, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Además, así se revela que sus pensamientos están

en sintonía con los pensamientos de Dios, que su querer es un querer junto con Dios. Estando

íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, Ella puede llegar a ser la madre de la Palabra

encarnada. (V CNF EPISCOPAL Y DEL CARIBE # 271)

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